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lunes, 19 de mayo de 2014

¡No me interesa!

No me interesa!" No. No me interesa que me hablen de que cualquiera de mis familiares padece cáncer. No me interesa. No quiero que me interese. Pero, aunque a mí no me interese oír el fatal diagnóstico, no va a dejar de suceder.

No me interesaba que mi hermana me llamase diciendo que le habían diagnostico cáncer. No quería que me tuviera que interesar.

No me interesaba que la neuomóloga nos dijera que la mancha en el pulmón que le habían visto a mi padre era cáncer. No, porqué tenía que interesarme? Por qué a mí? Por qué a mi familia?

Pero llega. Y, aunque no me interese a mí escucharlo, aunque mis oídos se nieguen, se cierren, el diagnóstico está ahí, inasequible al desaliento. Como una espada de Damocles.

Y entonces comienza la lucha. La carrera contra reloj.

Pero, si el diagnóstico es trágico en un padre, en una hermana, cómo calificarlo cuándo es el de un hijo/a?

Quienes hemos tenido la desgracia de sufrir la enfermedad de un/a hijo/a sabemos, conocemos muy de cerca lo que significa. Las noches, los días, las horas, los minutos, los segundos… todo el tiempo es tan lento y tan rápido a la vez que da miedo…

Las fuerzas flaquean. Las lágrimas se secan en la garganta. La sonrisa se congela en los labios. La esperanza llena nuestros sacos. Y cada diagnóstico nuevo es una nuevo varapalo. O una nueva esperanza.

Un pequeño cuerpo que lucha con sus fuerzas por salir adelante, por continuar escribiendo en ese libro blanco que apenas tiene unos pocos años, al que te gustaría reemplazar.

Decirle ¡No me interesa tu problema! No es duro. Es inhumano. Y, si viene de nuestros representantes políticos, por mucho que nos lo quieran vender con lazo rojo y envuelto en papel celofán, sigue siendo inhumano.

Nunca le he deseado mal a nadie, pero ojalá cuando las fuerzas les flaqueen, cuando ni todo el oro del mundo, ni el poder, ni la clase social sean la patente para salir adelante ante una situación similar, los concejales del Partido Popular que se levantaron de sus asientos en el Pleno del Ayuntamiento de Toledo cuando los padres de niños ingresados en la planta de Oncología del Hospital 'Virgen de la Salud' intervenían para hablar de la situación que viven por los recortes en Sanidad, concejales que fueron elegidos por la misma sociedad a la que dieron la espalda con su actuación, ojalá repito, nunca nadie les diga ¡No me interesa!.



martes, 5 de febrero de 2013

Un año después...

Prácticamente ha pasado un año desde que me autoimpuse un silencio forzado. Quería contarlo todo, pero no tenía fuerzas para decir nada. Un año después, todos mis temores, mis pesares se han hecho realidad y hoy, justo hoy, pasado el Día Mundial contra el Cáncer, ya no estás.

Entonces veíamos tu deterioro, a pasos agigantados, pero queríamos ser valientes por ti y por nosotras mismas. Pero era difícil. No obstante, nos diste una lección de fuerza y valentía, de querer vivir, de lo que supone saber que ha llegado la hora y no querer mirar el reloj.

A pesar de todo, cuando llegó el momento, seis meses después, nos pediste irte en paz. Y así lo hicimos. 

Ayer todo el mundo habló del cáncer. El 4 de febrero, Día Mundial. Todos hablan y hablan y hablan. Tiene cura, en un porcentaje muy elevado. Sí. Somos conscientes de ello, lo hemos visto, lo hemos vivido en nuestra propia familia. Ahí está Silvia, como ejemplo vivo y palpable para enseñarnos que sí, que se puede.

Ahí está Mariano, nuestro segundo héroe.

Pero no estás tú. Ni tantos otros. El domingo despedimos a Mari, también, y eso nos pone en el otro lado de la trinchera, en el de aquellos que aunque luchan no le ganan la batalla. Sabemos que sois pocos, pero sois los nuestros. Un padre, una madre, una hermana, una prima, un vecino, un amigo... alguien cercano que se va.

En el post Día Mundial del Cáncer me gustaría ser optimista, por tantos. Pero me resulta difícil. Muy difícil sabiendo que tú no has podido, que tú no estás papá.

lunes, 30 de enero de 2012

Mi padre tiene cáncer

Cuentan hoy en un reportaje que es necesario desmitificar el cáncer y aprender a hablar de él. Pero resulta muy complicado cunado te toca tan de cerca.
Y eso que en mi familia ya lo hemos vivido con mi propia hermana. Pero Silvia siempre ha sido tan fuerte que ha sido ella la que nos ha ayudado a todos a comprender que con un buen diagnóstico y un carácter a prueba de bomba es posible curarse.
Pero ahora... el diagnóstico nos ha llegado como un jarro de agua fría, como si no fuera posible que lo que nos estaban contando fuera verdad. Mi padre tiene cáncer, agresivo, extendido... con mal diagnóstico.
Y ahora ¿qué?
No sabemos muy bien cómo van a ser los próximos meses, pero sí sabemos que vamos a estar a su lado todo el tiempo, juntas como siempre, las niñas de sus ojos, con su inseparable compañera al frente, dando todo lo que esté en nuestra mano para lograr que sus últimos meses sean los mejores, los más plenos.
Mi padre tiene cáncer, incurable... pero no va a estar solo para afrontar esta nueva batalla en su vida.